Los bolivianos siempre pensamos que tenemos «el mejor café», «el mejor carnaval», «la mejor gastronomía» y el «país más bello». Sin embargo, la realidad es otra: somos una nación absolutamente insignificante en el terreno internacional. O en todo caso, somos uno de los países más inestables a nivel mundial, por ejemplo, Political stability index, sitúa a Bolivia en el puesto 120 de 193 naciones analizadas.
La fragilidad institucional y la inestabilidad social son las principales razones que nos colocan siempre en los peores lugares. Sucede que, como decía el gran German Arciniegas, somos muy propensos a endiosar caudillos, que convierten al país en sus haciendas privadas, pero no a construir naciones. De ahí, que cada cierto tiempo, siempre aparezca un líder carismático que ofrece el cielo en la tierra a cambio de, «solamente», entregarle nuestra libertad.
Obviamente, como siempre sucede con este tipo de mandones, los impuestos se vuelven asfixiantes, las regulaciones amenazan la propiedad privada y el valor de la moneda se diluye en la inflación. De hecho, hace, tan sólo, cuatro décadas atrás, los bolivianos experimentamos una de las inflaciones más altas del mundo.
En ese sentido, un verdadero cambio no se reduce a reemplazar un presidente por otro, sino de establecer las bases para que la nación empiece a construir prosperidad. Se trata de pensar en instituciones que garanticen la propiedad privada, la libertad económica y la generación de riqueza. Este cambio, que estoy consciente de su dificultad, puede empezar quitándole al poder la posibilidad de meter mano de nuestro dinero, ¿cómo? Pues dolarizando.
La Dolarización, es un proceso de anulación o sustitución monetaria, donde una economía reemplaza su moneda original por el dólar estadounidense, dejando fuera de circulación el dinero nacional, para que cumpla las funciones de reserva de valor, unidad de cuenta y medio de intercambio. Existen muchas ventajas de dolarizar, veamos:
Como los gobiernos no pueden devaluar la moneda para generar competitividad ficticia, es decir, no existe riesgo cambiario, la población experimenta estabilidad monetaria, condición necesaria para impulsar el ahorro y la inversión.
Al eliminarse, completamente, la posibilidad que los gobiernos se autofinancien con emisión monetaria, la inflación se reduce a casi cero. El control de la inflación beneficia a todos, porque cuanto menor es su tasa, hay un aumento del consumo, de la inversión, e incluso de las exportaciones, que son variables integrantes de la demanda agregada.
Más seguridad financiera para inversionistas y capitalistas, pues se genera un shock de confianza que atrae capitales extranjeros y fomenta la inversión nacional. Hágase usted la siguiente pregunta, ¿es seguro invertir en Bolivia en las actuales condiciones de inflación, devaluación e inseguridad jurídica?
Sin embargo, la mayor ventaja de la dolarización es que reduce a casi cero la posibilidad que el Estado meta sus manos sobre los ahorros de los ciudadanos comunes y corrientes. Así es amable lector, la dolarización es una forma de proteger la riqueza de personas como usted y yo de las ambiciosas manos de los burócratas y políticos sin escrúpulos. Al respecto, Mauricio Ríos, economista y asesor de inversiones, en su artículo: Del tipo de cambio fijo a la dolarización, afirma:
- Entonces, y para ir cerrando, para solucionar este embrollo, mi objetivo es dolarizar la economía, lo cual significa que se prescinda del Banco Central y que las reservas estén en manos de la gente y de los bancos en los que cada quien confíe individualmente. Evidentemente, mi objetivo es que este país nunca más vuelva a tener el problema de la devaluación y un tipo de cambio paralelo, como sucede hoy y como sucedió en la época de la coalición de neófitos e improvisados de izquierda de la UDP hace 40 años. Si queremos eliminar o al menos reducir considerablemente el riesgo cambiario, la inflación, la pérdida de valor de nuestros sueldos y ahorros, y además evitar también corridas bancarias, esta es la manera más realista y posible de lograrlo. Sencillo, no fácil.
En conclusión, en este año electoral, que coincide con la pérdida de confianza en el peso boliviano, exactamente, como en los años 80, es el momento perfecto para empezar a debatir la dolarización.
- HUGO BALDERRAMA FERRUFINO
- ECONOMISTA, MASTER EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y PHD. EN ECONOMÍA
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