A veinte años de la muerte de Juan Pablo II

Karol Wojtyla, el Papa deportivo, el Papa de los jóvenes, de los deseredados y  del Tercer Mundo, el Papa que ha besado el Corán en una mezquita, que ha pisado una Sinagoga y orado en el muro del llanto en Jerusamem, el Papa que ha venido del Este, y abatido la cortina de hierro, será siempre recordado por generaciones enteras.

Durante su largo Pontificado, durado 26 años, ha publicado 15 encíclicas, nombrado a 2.800 Obispos, 1.338 han sido los beatos y 482 los Santos que ha proclamado, siendo la mitad de los Santos y Beatos con que cuenta actualmente la Iglesia Católica. Ha canonizado al primer indígena di Latino América, el mexicano Juan Diego.

Ha convocado a los fieles de todo el mundo en el Año Santo de 1983, el Año Mariano de 1987. Durante el Gran Jubileo del 2000 han llegado a Roma 25 millones de peregrinos. Ha sido el precusor de los Encuentros Interrelegiosos de Oración para la Paz en la ciudad de San Francisco, Asís. Ha visitado 129 Países en sus 104 viajes fuera de Italia recorriendo más de 1.5 millones de kilómetros.

El 16 de Octubre de 1978 cuando el Conclave lo elige Papa, la impresión es de una persona enérgica, de una fe potente. Proclama un cristianismo abierto, sin temores. Llega al timón de la barca de Pedro con una experiencia llena, primero bajo la ocupación nazista y luego bajo un régimen comunista. Karol Wojtyla deseaba una Iglesia segura, capaz de anunciar el Evangelio como una “fuerza social”. Llama “hermanos mayores” a los judíos durante su visita a la sinagoga de Roma, escandalizando a los fariseos. Se alegra por la derrota histórica del proyecto de “ingenieria genética” y del “comunismo ateo”, pero desaprueba el “capitalismo” egoista. Durante el Jubileo pide perdón por Los errores de la Iglesia y de los cristianos hacia otras religiones, otros pueblos y otras naciones, denunciando las monstruosidades cumplidas en nombre de las religiones. Es amigo de la Paz, de los derechos umanos, de la mutua solidariedad y acérrimo enemigo del “nuevo colonialismo”, del exterminio, de quien usa el nombre de Dios a fines de dominio, y de las guerras quei define como “declino de la humanidad”.

Tampoco se puede olvidar el vigor y la fuerza obstinada con las que ataca las corrientes adversarias, pone su veto sea a la doctrina de Bush sobre la “guerra preventiva”, sea a una “iglesia católica” haciendo parte solamente del “occidente”. Es favorable a un diálogo con el Islam.

Elegido Papa, Karol Wojtyla ha escogido como nombre el de Juan Pablo, en homenaje a sus predecesores. Verdaderamente se parece mucho más a los dos apóstoles: Juan y Pablo. A Juan por el rigor lógico de la fe y a Pablo por el ímpeto de la predicación.

  • RODOLFO FAGGIONI
  • PERIODISTA Y CORRESPONSAL EN ITALIA. MIEMBRO EFECTIVO DE PRENSA INTERNACIONAL
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